jueves 15 de noviembre de 2007

FABIO VÉLEZ CORREA

(Risaralda, Caldas, 1947). Ensayista cuentista, e historiador. Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas. Miembro Fundador del Centro de Escritores de Manizales. Miembro de Número de la Academia Caldense de Historia y director de su revista Impronta. Fue docente de enseñanza secundaria en varios colegios oficiales durante 36 años.
OBRAS: Monografía de Risaralda, con Ovidio Rincón Peláez (1976). El Frenesí de la paz (Cuentos, 1982 y segunda edición, 2007). Risaralda, la aldea y su historia (1988). Manual de literatura caldense (Coautor, 1983). Mitos, espantos y leyendas de Caldas (1997 y segunda edición ampliada y corregida, 2007). El cuento, la poesía, creación docente (coautor, 1997). Cuento, poesía, arte y ensayo. Creación de los docentes de Manizales (Coautor, 1998). Ensayos fuera de clase (Coautor, 1998). Licencia para pensar e imaginar (Coautor, 2000). El fuego, mitos, leyendas y tradiciones (2001). Diccionario de las criaturas míticas del agua (2004). Mitos y leyendas del agua (2004). Y La otra mejilla. Aproximaciones críticas a la obra de Roberto Vélez Correa (Compilador, 2005). Algunos de sus textos han sido publicados en las revistas Registros de Historia, Grafía Plena, Dominical de La Patria, Papel Salmón, Mefisto, Supía Histórico e Impronta. Le han sido otorgadas las condecoraciones: Honor al mérito cultural y cívico Bernardo Arias Trujillo, Risaralda, 1975; Escudo de oro Feria de la ciencia, Oficina de asuntos científicos, Manizales, 1978; Orden Instituto Caldense de Cultura, Manizales, 1994 y Orden al mérito Acal, 1999.


La agonía de Superman

Superman supo que iba a morir.

Fue en el instante en que se encontró de frente con la kriptonita, ese guijarro verde que había quedado como uno de los fragmentos de su planeta destruido años atrás.

Superman sintió la muerte que empezaba a fijarse en sus músculos de acero, en su traje azul, en su capa roja, en el logotipo de su pecho y en la mirada límpida y cristalina de niño inocente, de adolescente estudioso y de hombre bueno y amigo de la justicia y el bien.

Superman comprendió que ya no volvería a ver el gesto adusto y autoritario de Perry White, el director de “El Planeta”, de Metrópolis; la mirada tierna y enamorada de Luisa Lane, la periodista audaz; el gesto amable y amistoso del pecoso Jaime Olsen; y el cráneo lustroso e inteligente de su eterno enemigo Lex Luthor.

Superman presintió que ya no sería posible su intervención en el conflicto de las Malvinas, a favor de sus amigos dilectos, los ingleses.

Y supo, sintió, comprendió y presintió todo eso porque la mera contemplación del tozo de kriptonita fue la premonición de un algo fatal… de su muerte inobjetable y total, ya que su vista de Rayos X no pudo percibir la presencia del plomo salvador.

**********
–¡Vamos, Superman!, suspende la chanza. Levántate y deja de simular el desmayo… No hay tal kriptonita. ¿No ves que es una de las esmeraldas de mi collar que se cayó…?