Nació en 1987 en Manizales, Colombia. Autor de la novela La fe de los mártires, publicada recientemente en http://www.elmartir.jimdo.com/.
Susurros impuros
¿Por qué será que las palabras quedan mancilladas por el vacío representado en el papel? Puesto que una vez se manchan los espacios con los sentimientos, retornan en fruslerías como si antes el dolor no hubiese significado nada... ¿será, entonces, que no soy suficientemente hábil como para plasmar las ideas en el papel?... no; una vez escribí fatalidades y descubrí lo humano que era... pero eso ya no significa nada.
I
Hartado, corrí a un lado del camino,
a cuesta de mi alma, a cuesta de mi sombra y la oscuridad.
Asustado en la penumbra vi el espanto de los inocentes
¡No hay luz... ya no hay luz en mis ojos!
¿Qué hay con el carisma, la inocencia? ¿Qué del ensueño, de la esperanza?
No hay luz... ya no.
Ha sido sepultada en una tumba sin nombre,
Ensombrecida, enmascarada., quizás, personificada.
Hace tres noches, y hoy ya oscurecido,
el amor huyó de mí por senderos en los que no había luna,
huyó temerosa, ella, consternada, odiándome,
huyendo de mis palabras.
Jamás logré alcanzar mi deseo,
las caricias soñadas habrán desaparecido tras algún tiempo
¿Tres días más? Quizá no...
Todo fue por evadir mi destino... por pretender ignorar una fe impuesta,
por rebelarme y contener las lágrimas que me encogían en cama,
bajo cobijas, bajo el solitario calor del dolor.
Mírame por última vez a los ojos, que expiran su último brillo;
mañana estaré más muerto que hoy... entonces serán cuatro noches,
y yo le susurraré a la muerte gritos desesperados.
¡Malditos gritos que no puedo gritar!
II
Ante la ventana mi reflejo veo, ensimismado,
un semblante adormecido, cansado...
La música cubre el silencio y éste se deja arrullar;
hay luces lejanas que se estremecen,
hay voces, inaudibles, voces...
como suspiros,
como los suspiros que crean ése momento descrito como congoja.
Ante la ventana, más que a mis ojos veo,
las nubes agazapadas en las montañas
acurrucadas por ventarrones y brisas,
encantadas por el rumor que hace ver de tales
su presencia colosal...
Y levantando sus cruces mojadas con el rocío,
se ufanan, entre la niebla y los recuerdos;
inspirador... lóbrego, fatal.
Ahora, alejado del ensueño,
estoy aquí,
viendo tras la ventana mi máscara y mi presencia,
cubierto por una túnica y un hábito de oscuridad.